Los obreros palestinos de la cantera Sal’ít hacen historia

Los obreros palestinos de la cantera Sal’ít hacen historia

Por: Eli Oshrov Diario Maariv, 26 de Junio del 2011. http://www.nrg.co.il/online/54/ART2/253/868.html

Patrones israelíes, obreros palestinos y sindicato judeo-árabe. Los trabajadores de la cantera Sal’ít reclaman condiciones de trabajo básicas y decentes. Los patrones piensan que sus reclamos son infantiles. En estos días la primera lucha organizada de obreros en Judea y Samaria llega a su ápice. ¿Se trata de aventura ideológica o de precedente revolucionario? El tiempo lo dirá.

Los choferes de los camiones cargados de piedras que ingresaron esta semana a la cantera Sal’ít, aledaña a [el asentamiento de colonos judíos] Ma’alé Adumím fueron recibidos cálidamente. Junto a cada camión que pasaba por el lugar se alinearon algunos obreros e imploraron al chofer en idioma árabe: “¡no pases! ¡ayúdanos! ¡estamos en huelga! ¡trabajamos acá hace 20 años sin condiciones mínimas!”

Los camioneros generalmente se detienen. –“nosotros los

entendemos”, dijo uno de ellos emocionado. –“pero si paramos, los patrones tomarán a otros en lugar de nosotros”.

-“Jazi (el director de la cantera) me prometió un salario de 3.000 shekels”, dijo otro camionero con una sonrisa. –“¡Hasta un alcahuete puede tomar conciencia!” gritó uno de los obreros.

Los camiones traídos de afuera son parte de las medidas de emergencia de Sal’ít. Por regla general, la empresa excava la materia prima de las colinas aledañas, pero en virtud de la huelga de los obreros, que comenzó el pasado jueves [22 de junio del 2011], la cantera extrae las piedras de afuera. Las enormes piedras que traen los camiones se molerán en los molinos gigantes y se transformarán en ripio. El material molido se enviará en camiones a la fábrica de cemento ubicada en Giv’at Shaúl [dentro de las fronteras israelíes del 67. Nota del traductor], y de allí a las obras de construcción en todo el país.

La mayoría de los obreros están sentados en tiendas. Jazi, el director, consiguió convencer a unos cuantos camioneros que quebraran la huelga, y opera las máquinas de manera limitada. Los obreros no se inquietan. Estiman que en unos pocos días comenzarán las fallas normales, y [la empresa] necesitará nuevamente la destreza de ellos.

Nijaz Kadada -conocido como “Abu Majmud”- padre de cuatro niños, ingeniero y miembro del secretariado del sindicato, está sentado en la tienda. –“Nosotros no queremos dañar la cantera; no queremos esta huelga” nos explica. –“[pero] con su comportamiento y falta de sensibilidad la patronal nos obligó a declarar la huelga. Nosotros queremos lo que nos corresponde por ley: pago del salario a tiempo; jubilación; [que nos entreguen] recibos de pago; derechos sociales”. Otro obrero -Musbaj El-Bahiíd- pregunta de manera retórica: “¿cuál es el objetivo de la patronal? Empujar a los obreros a una situación en la que no se organicen, que no conozcan sus derechos, y que cada uno se preocupe solamente por sí mismo. Tenemos derecho a que finalmente lleguemos al siglo XXI en lo que respecta a nuestras condiciones de trabajo”.

Los convencidos obreros regresan a la tienda. La tela negra que les proporciona sombra es el único refugio contra el sol ardiente. Dentro de la tienda se agrupan unos 30 hombres, todos de alrededor de 50 años de edad, peones comunes con la piel quemada y llenos de manchas en la piel como producto de tres décadas de trabajo en el desierto. Uno de los hijos de los trabajadores, habitante del vecindario de casas precarias aledaño, trae una botella de agua; otro obrero parte una sandía; alguien reparte pan casero.

A pesar del fracaso en evitar que entren los camiones, en la tienda hay buen ánimo. Tal vez sea la repentina liberación de un trabajo tan difícil, o tal vez la sensación de respeto por la lucha por lo que le corresponde a los trabajadores, pero tienen también un elemento adicional; el grupo, entienden sus miembros, es parte de la historia: esta es la primera lucha organizada de obreros palestinos contra patrones israelíes en los territorios ocupados, y bajo la dirección de una organización sindical israelí.

Como todo conflicto laboral en Israel, también esta lucha se hace bajo la aprobación de las leyes del Ministerio de Trabajo israelí y protegida por un Juzgado laboral israelí. Esta descripción es compleja, pero refleja muy bien la esencia de Ma’án, la organización sindical que dirige esta huelga. [La traducción literal de la palabra hebrea ma’án es “dirección” (postal); datos del lugar a donde uno dirige una correspondencia determinada. El nombre completo de la organización sindical es “Ma’án – Asociación para el apoyo a los trabajadores”. Sitio web (en hebreo, árabe e inglés): www.wac-maan.org.il. Nota del traductor]

Ciudado mutuo

Este reportaje debería haber comenzado de manera distinta: durante las últimas semanas [el reportero] investigó los procesos de la comisión obrera de Sal’ít hacia la firma del primer convenio de trabajo en los territorios ocupados de Judea y Samaria. Se suponía que iba a ser un final satisfactorio para un largo proceso.

Después de más de dos años de difícil negociación, que incluyó confrontación de fuerzas, retención de sueldos e interminables conversaciones por parte de los abogados de ambos lados, iba a realizarse una última reunión el jueves pasado, 16 de Junio. El martes previo a esa fecha, la comisión obrera recibió una llamada de la patronal: la reunión se cancelaba, dijeron sin explicaciones. La comisión obrera decidió romper las negociaciones. El trabajo se interrumpió.

Los problemas en la cantera Sal’ít no comenzaron ayer. La cantera fue creada por un tal Uzi Kalev en los comienzos de los años ochenta. El permiso de excavación de rocas lo recibió de la “Administración Civil” (autoridad cívico-militar de ocupación colonial en los territorios palestinos. Nota del traductor). Alrededor de la cantera existen las chozas de lata de los beduinos de la tribu de los “yahalín”. Los obreros relatan que entre Kalev y los miembros de la tribu se estableció un acuerdo de entendimiento: los beduinos le permitirían levantar la cantera, y a cambio gozarían de lugares de trabajo.

El denso polvo que emana de la cantera no hubiera sido aceptado con tranquilidad en la mayoría de las poblaciones [judías] de Israel, pero la cantera hubiera podido ser parte de una zona industrial de las aldeas Yahalín. A través de impuestos, debería la cantera haber financiado la apertura de una escuela y la creación de infraestructura. En realidad, los impuestos –al igual que la materia prima producida por la cantera- pasan a Israel. Los beduinos se quedaron [solamente] con los sueldos.

En los territorios del “área C” (territorios palestinos que permanecieron bajo control exclusivo israelí, sin ninguna intervención de la Autoridad Palestina, según los acuerdos de Oslo de 1994. Nota del traductor) operan hoy 11 canteras bajo propiedad israelí, regidas bajo permisos de la “Administración Civil”. Sal’ít es una empresa privada, por lo que sus datos no están abiertos al público. Un informe encargado en el 2008 por el Ministerio del Interior a una oficina privada de arquitectos ejemplifica la extensión de los intereses económicos en el mercado de la explotación minera: Sal’ít produce ripio agregado que se usa para reforzar hormigón, que es el producto más solicitado en la industria de la construcción, y representa más del 70 por ciento del mercado de la minería y la excavación en Israel.

¿Hasta qué punto es crítica la industria de las canteras en los territorios ocupados para la industria de la construcción israelí? En el año 2007 el mercado israelí utilizó 48 millones de toneladas de agregado de canteras del “área C”. Pasan a Israel cada año unos nueve millones de toneladas de agregado, de un total de 12 millones de toneladas producidas en el sector.

El informe establece que Israel depende del suministro de las canteras de Cisjordania y que no hay ningún interés en renunciar a ellas en el futuro: “esas reservas, a los niveles de productividad actuales”, se escribió en el informe, “abastecerán [Israel] por otros 30 años aproximadamente, asumiendo que no se produzcan cambios políticos en las fronteras del área C” No está claro cuál es la situación financiera de Sal’ít, pero al parecer sus ganancias subieron con el florecimiento del sector de bienes raíces en Israel. Los obreros de Sal’ít señalan a unos cuantos camiones Mercedes Benz nuevos que la cantera acaba de comprar.

Desde que se abrió la cantera, el grupo de obreros de Sal’ít se diversificó: varios de ellos todavía vienen de la aldea de casas precarias aledaña; otros vienen de Ramala y de la zona de Jebrón. Abu Majmud, por ejemplo, es un ingeniero que trabajó en los pozos petroleros de Kuwait, y regresó a su tierra luego de la primera guerra del golfo. Sus hijos estudian en Universidades de Cisjordania, y ya no seguirán los pasos de su padre en las canteras. Luego de que la situación de Kuwait se estabilizara, él recibió una propuesta de regresar, pero entonces ya existía el optimismo de [los acuerdos de] Oslo. A pesar de la situación, él no se lamenta de haber regresado. –“esto es mi casa”, dice.

Los obreros de la cantera cumplen tareas variadas: mecánico de vehículos, choferes y herreros. Las piedras son molidas por un gigantesco molino computarizado, pero abundan los desperfectos, y solamente obreros calificados saben resolverlos.

A través de los años, los obreros veían a la cantera como un lugar de trabajo, no fácil, pero respetable. Nunca recibieron un simple recibo del pago de su salario, y nunca marcaron reloj. Todo era según un sistema de “todo bien”. El trato general del patrón era justo y agradable. Si alguien se enfermaba, él se preocupaba en visitarlo y preguntar por su salud. –“Había en quién confiar”, dicen los obreros. Hacia los finales de los noventa Kalev falleció y la fábrica pasó a manos de sus hijos, y desde entonces dejaron de involucrarse en la dirección de la misma. Bajo el nuevo manto de un gerente muy rudo, el negocio comenzó a dirigirse con anarquía. Los obreros comenzaron a sufrir afrentas y abusos (nuestro intento de hablar con el gerente con el objeto de que de su respuesta fue respondido con un “vuelen de acá”).

Cuando se juntaron todas estas humillaciones, el salario comenzó a apretar. Los trabajadores comenzaron a buscar soluciones legales y se dirigieron a un abogado de Jerusalén. Los obreros palestinos, en su situación, tienen temores de enfrentarse con las patronales, pero sabían que tenían a su favor algunos puntos fuertes. Primero, el nivel de especialización requerido de un obrero de cantera es relativamente alto, por lo que [los patrones] no se apuraron en despedirlos.

Aparte de eso, uno de los obreros señala la fábrica y dice –“acá no hay muro” [alusión al muro de separación de los territorios ocupados. Nota del traductor]. Las costosas estructuras de acero, de un valor de millones de shekels, se levantan en un terreno abierto. –“El acuerdo era así”, nos dice – “nosotros lo cuidamos, y él nos cuida a nosotros”.

A lo largo de largos años y dos intifadas, en uno de los sectores más pobres del país, golpeado por robos y rico en traficantes de metales, la cantera siguió trabajando sin que la molestaran. Los gerentes judíos continuaron llegando al lugar, incluso sin vigilancia. –“Solamente por concepto de vigilancia y protección a los dueños deberían agregar cientos de miles de shekels al año”, dice Assaf Adiv, secretario general de Ma’án.

Con el correr de los años, los abogados israelíes proclamaron –y no lo consiguieron- una solución a los problemas de los trabajadores por la vía estrictamente judicial. La Histadrut [Confederación oficial de trabajadores de Israel, nota del traductor] no era relevante. De manera verbal se conectaron con la oficina de Ma’án en Jerusalén, y llegaron a una reunión a conocerse. Las cosas comenzaron a moverse: juntaron firmas, realizaron elecciones para elegir la comisión obrera y comenzaron las negociaciones con los patrones. La conquista más importante hasta ahora es la de que les entreguen recibos de pago, por primera vez, desde el 2008.

“Como los filipinos”

Para explicar cómo se produjo el contacto precisamente con Ma’án, y no con la Histadrut, es necesario regresarse unos días atrás, al estallido de la huelga: la asamblea anual de Ma’án en Tel Aviv.

Inspirados por las revoluciones en el mundo árabe, el ambiente era optimista. Llegaron a la asamblea alrededor de cien representantes de distintas comisiones obreras. Una mezcla ecléctica de trabajadores, que no se hubieran juntado bajo ninguna otra circunstancia: obreras agrícolas árabes de Galilea y de El triángulo [zona de Israel dentro de las fronteras del 67, al este de las planicies de Sharon, donde se concentra una gran parte de la población árabe con ciudadanía israelí. Nota del traductor], profesores de arte de la escuela de teatro frontal y de la escuela [judeo-palestina] de Arte “Músrara” de Jerusalén, una trabajadora mesera de un restaurante súper exclusivo de Tel Aviv, trabajadoras sociales en lucha, y los palestinos de la cantera Sal’ít, quienes recibieron un permiso de una sola vez para entrar a Israel.

Abu Majmud dio un discurso en nombre de los obreros, y en lenguaje poético describió a Ma’án como “la barca del desierto que nos llevará a las playas de nuestras aspiraciones”. La organización adquirió hace unos meses auriculares

para traducciones simultáneas. Los miembros de la dirección de Ma’án –varones [judíos] de origen ashkenazi y misrají (respectivamente: de origen europeo y sefaraditas. Nota del traductor] y mujeres árabes, dominan los idiomas hebreo y árabe con naturalidad, tanto que las traductoras se confunden y no están seguras en qué idioma hay que hablar a veces.

La organización Ma’án se levantó a mediados de los años noventa, a partir de un grupo de veteranos activistas de izquierda.

La estrategia de Ma’án es la de entrar a todos los vacíos que la Histadrut deja. –“la Histadrut es un factor importante en la economía a favor de los trabajadores”, dice Adiv. “yo no niego su posición. Pero la Histadrut se retira del combate una y otra vez. En cuanto a fuerza de lucha es sencillamente impotente. En especial en relación al obrero débil, al explotado, al árabe. Porque ideológicamente esta cooptada para los objetivos nacionales”.

La Histadrut, en opinión de Adiv, no abandonó al obrero árabe solamente: “todo aquel cuya educación es apenas inferior. Tal vez es un etíope, tal vez un adulto mayor, tal vez uno que vive en Yerujám” (población del sur de Israel compuesta mayoritariamente por judíos sefaraditas pobres. Nota del traductor), dice Adiv. –“la Histadrut no lo defiende. Hace 25 años organizaba en sus filas al 85 por ciento de los trabajadores en Israel, el porcentaje más alto de los países occidentales. Hoy por hoy, solamente 26 por ciento de la fuerza de trabajo está organizada. Es decir, más de la mitad de los que participan en la fuerza de trabajo simplemente están tirados a un costado. Al lado de esto, hay 30 mil trabajadores palestinos en los asentamientos [coloniales] que no están organizados.”

A los trabajadores palestinos en las fábricas israelíes los define como “[están] menos jodidos que los trabajadores [migrantes] africanos, apenas un poco mejor que los tailandeses; un poco por debajo de los etíopes, más o menos como los filipinos. Los árabes [ciudadanos] de Israel apenas un poquito por encima de todos ellos. Así es el país. Entonces nosotros iremos adonde se encuentran los débiles, y nos transformaremos en su dirección”.

La Histadrut no tiene que preocuparse por su posición, pero Ma’án les puede proporcionar a sus directivos algo en qué pensar: en total pasaron por Ma’án en los últimos diez años unos 8.000 obreros. Hoy la organización cuenta con unos mil afiliados, y pagan cuotas de afiliación de unos 35 shekels al mes, y están sindicalizados en 9 comisiones obreras distintas. En la misma organización se emplean hoy unos 14 trabajadores. De acuerdo a la decisión de la propia organización, cada uno de ellos recibe un salario mínimo. La mayoría de los obreros que Adiv representa ganan más que él.

A la pequeña tienda levantada al frente de la cantera llegan todos los días representantes del sindicato de todas partes del país para apoyar a los obreros. Todos se ubican en la tienda todos los días hasta las 16:00 hs. “La huelga es también trabajo”, explica Abu Majmud y muestra la lista de presentes que tiene en su mano. En el sindicato definen la huelga como “huelga hasta las últimas consecuencias”.

Los obreros ya hicieron huelga hace como un año durante cuatro días, y esa huelga terminó con el comienzo de las negociaciones por un contrato colectivo. El petitorio de salarios ellos definen como mínimo, lo que la ley establece. “y no menos importante, que nos traten con respeto, dice Musbaj el-Beiíd. El mecanismo que va a garantizar respeto, de acuerdo a la propuesta de contrato colectivo, es una comisión obrero-patronal, que se reúna mensualmente y discuta los distintos problemas.

Hasta la semana pasada la patronal no se hizo escuchar. Pero el rabino Natán Netanson, Presidente del Directorio de Sal’ít, le dijo a un periodista de Jerusalén que “ellos [los obreros] no son niños pequeños, pero [que] ellos no tienen ninguna comprensión de los mecanismos de comunicación entre los obreros y la empresa. Todos esos derechos y todas esas cosas lindas son explicaciones de Ma’án, que erosionan de los obreros la poca moral de trabajo que tenían. Desde que Ma’án se encuentra acá, nosotros sufrimos de las cosas que ellos hacen, con menos seriedad y con menos ganas. No me queda claro que estén haciendo las cosas de manera inteligente, incluso para ellos mismos”.

Adiv explica que “el salario de los obreros de Sal’ít es bajo. Si le llego a decir a los patrones de Sal’ít que quiero duplicar el salario, entraría acá a una guerra mundial. Nosotros reclamamos conquistas básicas. Es preciso llegar a algo razonable y lógico”.

En el espíritu de las revoluciones

Para ambos lados [en conflicto] el tiempo es un factor fundamental. La cantera necesita suministrar materia prima a sus clientes, y a los obreros se les terminará el dinero. La mayoría de ellos gana unos 5000 shékels al mes; 200 al día. Día sin trabajo es día sin salario. Ma’án, como sindicato pequeño, no tiene fondo de huelga.

Unos cuantos cientos de fábricas israelíes emplean a miles de obreros palestinos en el área de Ma’alé Adumím, especialmente en la zona industrial de Mishor Adumím. Huelgas, especialmente en las canteras, ocurren a menudo. Por lo general se trata de fenómenos espontáneos. Cada lado (patrones y obreros) muestra sus músculos, y entonces, o se viene una ola de despidos masivos, o el patrón israelí aumenta unos cuantos cientos de sueldo para mantener la calma.

Pero huelga organizada como ésta en Judea y Samaria es aparentemente la primera en su tipo.

¿Cómo es posible que trabajadores palestinos declaren huelga bajo leyes [laborales] Israelíes? Israel no anexó los territorios [palestinos] de manera amplia, sino que incluyó leyes israelís en Cisjordania de a poco”, explica el Dr. Mair Paz-Fox, de la Facultad de Leyes del Instituto Académico Ono de Jerusalén. Algunos legisladores le llaman a esto “anexión legislativa”. Por ejemplo, la ley de elecciones al parlamento, o la ley de asociación que se incluye a los territorios, se aplican solamente para los colonos [judíos]. El Estado de Israel quiere anexar los territorios y a la vez permanecer inmune a la ira de todo el mundo. Entonces, los jueces solucionaron este dilema: cuando el Estado trata de los israelíes, dice que hay que mirarlos como si la ley de Israel se aplicara a todos ellos. ¿Dónde se complica el asunto? Cuando los patrones son israelíes y los obreros son palestinos. Y acá aparece “la suprema corte”: [la organización] “Kav la oved” (literalmente: “línea para los trabajadores”. Sindicato de organización y solidaridad obrera con personería jurídica en Israel que agrupa por igual a obreros judíos, palestinos y trabajadores foráneos no-judíos. Sitio web (en hebreo, árabe e inglés): www.kavlaoved.org.il. Nota del traductor).

Kav la oved es el grupo que produjo una revolución en las definiciones jurídicas confusas de las fábricas israelíes en el “área C”. Esto ocurrió a comienzos de los años 2000. En una petición a la corte laboral hecha en nombre de obreros palestinos de la Municipalidad de Giv’at Zeev, un obrero reclamó igualar sus condiciones laborales –jubilación, indemnizaciones, horas extras- a las de los obreros israelíes. La Municipalidad se negó bajo pretexto de que la ley que se debe aplicar a ese obrero es la ley jordana. El obrero ganó el juicio en la corte local, pero la Municipalidad apeló y ganó en la corte nacional. Kav la oved apeló nuevamente a la Corte Suprema y finalmente prevaleció.

En Sal’ít, el rabino Netanson se empecina en que “nuestra posición es que la huelga es absolutamente permitida. Quien quiera ir a la huelga que lo haga. El Estado les permite parar, y ellos pueden aprovechar ese derecho. Este contrato colectivo no debería haber llegado a la firma este mes. Esos reclamos infantiles no corresponden a personas adultas”.

“No acordamos con los cambios. Había material que era necesario que preparáramos. Queríamos actualizar [el contrato]. Mientras tanto, Ma’án genera estos disturbios políticos”

Pero en la práctica está claro que la huelga despierta interés. Por la carretera que conduce a Ramala, pasan muchos automóviles con palestinos. Muchos tocan a veces las bocinas en solidaridad. “La gente escucha que hay acá una huelga y quieren saber qué ocurre”, dice El-Baiíd.

¿Acaso una huelga organizada por un sindicato israelí puede alterar la realidad de los hechos en Cisjordania? El Dr. Gai Davidov, especialista en jurisdicción laboral de la Universidad Hebrea de Jerusalén, dice que las posibilidades de triunfo de la huelga son escasas. “Para triunfar necesitan fuerza de negociación, y no sé si la tienen”. “Incluso si tienen la protección de la ley, ellos fracasarán al final si la cantera se empecina en su posición. Si ellos fracasan, entonces otros no se apresurarán [a reclamar]. Si ellos triunfan, tal vez entonces otros se animen en otros casos. La pregunta es hasta qué punto tiene la cantera aguante. Por ejemplo, los obreros no tienen fondo de huelga, por lo que no pueden sobrevivir un mes de huelga. En una situación como esa pueden fracasar, aun cuando peleen. Por otro lado, es posible que la cantera afloje, al entender que es importante que los obreros estén satisfechos”.

Assaf Adiv se entrevistó con un medio periodístico de Jerusalén como uno de los únicos israelíes que consiguieron ver la revolución egipcia de primera mano. En todo lo que se refiere a Israel él prefiere ser realista:

“Nosotros creemos que toda pequeña mejora ayuda a construir autoestima, sensación de de fuerza y sensación de que el cambio es posible. Por lo tanto Ma’án lucha para que el obrero reciba otros mil shékels, otro punto de porcentaje de jubilación. Esto no hace que el obrero se haga conservador sino todo lo contrario, que se vuelva seguro y fuerte.”

Abu Majmud, que se sienta con sus camaradas en la tienda, se anima a establecer la relación entre su lucha organizada y las revoluciones:

-“La revuelta en Egipto se dio debido a la corrupción y los atropellos del gobierno”, desmenuza. –“Acá, nuestros reclamos a la patronal son similares: queremos justicia y respeto”.

Traducción del hebreo:

Rolando “el negro” Gómez

Coyoacán, México, 26 de agosto de 2011

http://ipsnews.net/news.asp?idnews=104825#idiomas http://www.kavlaoved.org.il/default_eng.asp http://solidaritymagazine.org/2011/06/the-palestinian-workers-in-salit-q/

 

 

EXTRET DE:

http://www.palestinemonitor.org/?p=1285
http://www.wac-maan.org.il/en/home

 

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